Si me he tomado la libertad de dirigirme a ustedes directamente, no es
solo en nombre de la historia y de los valores que nos unen, sino también
porque hay urgencia. Dentro de unas semanas, las elecciones europeas serán
decisivas para el futuro de nuestro continente.
Nunca antes, desde la Segunda Guerra Mundial, Europa ha sido tan
necesaria. Y, sin embargo, nunca ha estado tan en peligro.
El Brexit es ejemplo de todo ello. Ejemplo de la crisis de una Europa que
no ha sabido satisfacer las necesidades de protección de los pueblos
frente a los grandes cambios del mundo contemporáneo. Ejemplo, también, de
la trampa europea. La trampa no es pertenecer a la Unión Europea, sino la
mentira y la irresponsabilidad que pueden destruirla. ¿Quién les ha
contado a los británicos la verdad sobre su futuro tras el Brexit? ¿Quién
les ha hablado de perder el acceso al mercado europeo? ¿Quién ha advertido
de los peligros para la paz en Irlanda si se vuelve a la frontera del
pasado? El repliegue nacionalista no tiene propuestas; es un «no» sin
proyecto. Y esta trampa amenaza a toda Europa: los que explotan la rabia,
ayudados por noticias falsas, prometen una cosa y la contraria.
Frente a estas manipulaciones, debemos mantenernos firmes. Orgullosos y
lúcidos.
Recordemos primero qué es Europa. Es un éxito histórico: la reconciliación
de un continente devastado, plasmada en un proyecto inédito de paz,
prosperidad y libertad. No lo olvidemos nunca. Hoy día, este proyecto nos
sigue protegiendo. ¿Qué país puede actuar solo frente a las estrategias
agresivas de las grandes potencias? ¿Quién puede pretender ser soberano,
solo, frente a los gigantes digitales? ¿Cómo resistiríamos a las crisis
del capitalismo financiero sin el euro, que es una baza para toda la
Unión? Europa es también esos miles de proyectos cotidianos que han
cambiado la faz de nuestros territorios: una escuela renovada aquí, una
carretera asfaltada allá, un acceso rápido a Internet que está llegando al
fin… Esta lucha es un compromiso diario, porque Europa, como la paz, no
viene dada. En nombre de Francia, abandero esta lucha sin descanso para
hacer avanzar a Europa y defender su modelo. Hemos demostrado que lo que
nos dijeron que era inalcanzable –como la creación de una defensa europea
o la protección de los derechos sociales– finalmente era posible.
Con todo, hay que hacer más y más rápido. Porque hay otra trampa: la del
statu quo y la resignación. Frente a las grandes crisis mundiales, los
ciudadanos nos dicen a menudo: «¿Dónde está Europa? ¿Qué está haciendo
Europa?». Para ellos, se ha convertido en un mercado sin alma. Pero
sabemos que no es solo un mercado, que es también un proyecto. El mercado
es útil, pero no debe hacernos olvidar lo necesario de las fronteras que
nos protegen y de los valores que nos unen. Los nacionalistas se equivocan
cuando pretenden defender nuestra identidad apelando a la salida de
Europa, porque es la civilización europea la que nos une, nos libera y nos
protege. Pero los que no querrían cambiar nada también se equivocan,
porque niegan los temores que atraviesan nuestros pueblos, las dudas que
socavan nuestras democracias. Estamos en un momento decisivo para nuestro
continente. Un momento en el que, colectivamente, debemos reinventar,
política y culturalmente, las formas de nuestra civilización en un mundo
cambiante. Es el momento para el Renacimiento Europeo. Así pues,
resistiendo a las tentaciones del repliegue y la división, quiero proponer
que, juntos, construyamos ese Renacimiento en torno a tres aspiraciones:
la libertad, la protección y el progreso.
Defender nuestra libertad
El modelo europeo se basa en la libertad individual y la diversidad de
opiniones y de creación. Nuestra libertad primera es la libertad
democrática, la de elegir a nuestros gobernantes allí donde, en cada cita
electoral, hay potencias extranjeras que intentan influir en nuestros
votos. Propongo que se cree una Agencia Europea de Protección de las
Democracias que aporte expertos europeos a cada Estado miembro para
proteger sus procesos electorales de ciberataques y manipulaciones. En
este espíritu de independencia, también debemos prohibir la financiación
de partidos políticos europeos por parte de potencias extranjeras.
Asimismo, a través de reglas europeas, debemos desterrar de Internet
el discurso del odio y la violencia, porque el respeto al individuo es
la base de nuestra civilización de la dignidad humana.
Proteger nuestro continente
Fundada en la reconciliación interna, la Unión Europea se ha olvidado de
mirar a otras realidades en el mundo. Ahora bien, ninguna comunidad genera
un sentimiento de pertenencia si no tiene límites que proteger. La
frontera es la libertad en seguridad. En este sentido, debemos revisar
el espacio Schengen: todos los que quieran participar en él deberán
cumplir una serie de obligaciones de responsabilidad (control riguroso de
fronteras) y solidaridad (una misma política de asilo con las mismas
reglas de acogida y denegación). Una policía de fronteras común y una
Oficina Europea de Asilo, estrictas obligaciones de control y una
solidaridad europea a la que contribuyan todos los países bajo la
autoridad de un Consejo Europeo de Seguridad Interior. Frente a las
migraciones, creo en una Europa que protege a la vez sus valores y sus
fronteras.
Estas mismas exigencias deben aplicarse a la defensa. Pese a que en los
dos últimos años se han registrado avances significativos, debemos
establecer un rumbo claro. Así, un tratado de defensa y seguridad
deberá definir nuestras obligaciones ineludibles, en colaboración con la
OTAN y nuestros aliados europeos: aumento del gasto militar, activación de
la cláusula de defensa mutua y creación de un Consejo de Seguridad Europeo
que incluya al Reino Unido para preparar nuestras decisiones colectivas.
Nuestras fronteras también deben garantizar una competencia leal. ¿Qué
potencia acepta mantener sus intercambios con aquellos que no respetan
ninguna de sus reglas? No podemos someternos sin decir nada. Tenemos que
reformar nuestra política de competencia, refundar nuestra política
comercial: sancionar o prohibir en Europa aquellas empresas que vulneren
nuestros intereses estratégicos y valores fundamentales –como las normas
medioambientales, la protección de datos o el pago justo de impuestos– y
adoptar una preferencia europea en las industrias estratégicas y en
nuestros mercados de contratación pública, al igual que nuestros
competidores estadounidenses o chinos.
Recuperar el espíritu de progreso
Europa no es una potencia de segunda clase. Toda Europa está a la
vanguardia: siempre ha sabido definir las normas del progreso y en
esta línea debe ofrecer un proyecto de convergencia, más que de
competencia. Europa, que creó la seguridad social, debe establecer para
cada trabajador, de este a oeste y de norte a sur, un escudo social
que le garantice la misma remuneración en el mismo lugar de trabajo, y un
salario mínimo europeo adaptado a cada país y revisado anualmente de forma
colectiva.
Retomar el hilo del progreso es también liderar la lucha contra el cambio
climático. ¿Podremos mirar a nuestros hijos a los ojos si no logramos
reducir nuestra deuda con el clima? La Unión Europea debe fijar sus
ambiciones –cero carbono en 2050, reducción a la mitad de los pesticidas
en 2025– y adaptar sus políticas a esta exigencia: Banco Europeo del
Clima para financiar la transición ecológica, dispositivo sanitario
europeo para reforzar el control de nuestros alimentos, y, frente a la
amenaza de los lobbies, evaluación científica independiente de
sustancias peligrosas para el medio ambiente y la salud, etc. Este
imperativo debe guiar todas nuestras acciones. Del Banco Central Europeo a
la Comisión Europea, pasando por el presupuesto europeo o el Plan de
Inversiones para Europa, todas nuestras instituciones deben tener al clima
como prioridad.
Progreso y libertad es poder vivir del trabajo y, para crear empleo,
Europa debe ser previsora. Para ello, no solo debe regular a los gigantes
del sector digital, creando una supervisión europea de grandes
plataformas (sanciones aceleradas para las infracciones de las normas de
la competencia, transparencia de algoritmos, etc.), sino también
financiar la innovación asignando al nuevo Consejo Europeo de
Innovación un presupuesto comparable al de Estados Unidos para liderar las
nuevas rupturas tecnológicas como la inteligencia artificial.
Una Europa que se proyecta hacia el resto del mundo debe mirar a
África, con quien debemos sellar un pacto de futuro, asumiendo un
destino común y apoyando su desarrollo de forma ambiciosa y no defensiva
con inversión, colaboración universitaria, educación y formación de las
niñas, etc.
Libertad, protección, progreso. Sobre estos pilares debemos construir
el Renacimiento Europeo. No podemos dejar que los nacionalistas sin
propuestas exploten la rabia de los pueblos. No podemos ser los sonámbulos
de una Europa lánguida. No podemos estancarnos en la rutina y el
encantamiento. El humanismo europeo exige acción y por todas partes los
ciudadanos están pidiendo participar en el cambio. Así pues, antes de
finales de año, organicemos una Conferencia para Europa, junto a los
representantes de las instituciones europeas y los Estados, con el fin
de proponer todos los cambios necesarios para nuestro proyecto político,
sin tabúes, ni siquiera revisar los tratados. Dicha conferencia deberá
incluir a paneles de ciudadanos y dar voz a universitarios,
interlocutores sociales y representantes religiosos y espirituales. En
ella se definirá una hoja de ruta para la Unión Europea que traduzca estas
grandes prioridades en acciones concretas. Tendremos discrepancias, pero
¿qué es mejor, una Europa estancada o una Europa que avanza a veces a
ritmos diferentes, manteniéndose abierta al exterior?
En esta Europa, los pueblos habrán recuperado realmente el control de su
destino. En esta Europa, estoy seguro de que el Reino Unido encontrará
su lugar.
Ciudadanos de Europa: el impasse del Brexit nos sirve de lección a todos.
Salgamos de esta trampa y démosle un sentido a las próximas elecciones y a
nuestro proyecto. Ustedes deciden si Europa y los valores de progreso que
representa deben ser algo más que un paréntesis en la historia. Esta es la
propuesta que les hago para trazar juntos el camino del Renacimiento
Europeo.